En el fondo del río se lamentan unas bolsas de basura abandonadas malamente sin ninguna esperanza de tratamiento o reciclado…

La canción es de los simpáticos Tom Fun Orchestra y la animación es de Trunk Animation.

Los coches hace tiempo que dejaron de ser un medio de transporte para convertirse en cualquier otra cosa gracias a la publicidad.

Aquí, un canto a la juventud de los nuevos modelos que salen al mercado, por parte de los modelos senior… Otro trabajo de la estupenda factoría francesa Mikros.

Y aquí una especie de making of, tan bien editado como el propio anuncio:

Rex the Dog suele incluir animaciones en sus vídeos y actuaciones. En esta ocasión recurre al stop-motion con muñecos de cartulina… ¡y con making of incluido!

Liniers es un dibujante argentino que realiza cómics y viñetas para periódicos. Su estilo es sencillo, pero sobre todo destaca su sentido del humor, lleno de ternura e inteligencia:

Los pingüinos de la Patagonia conocen a un pingüino de Liniers.

Travis Louie pinta retratos de monstruos civilizados y elegantes ostentos, al estilo de las primeras fotografías de la época victoriana. Lo mejor de su galería es que junto al retratado añade una breve nota biográfica que da veracidad de su existencia.

En realidad, en los siglos XVIII y XIX, las personas que sufrían malformaciones o apariencias insólitas eran consideradas “fenómenos”, la mayoría pasaban grandes penalidades por su condición y eran explotadas en circos y ferias; algunos individuos afortunados en cambio, conseguían el favor de la clase aristocrática y eran invitados a fiestas y tratados con una equívoca y forzada dignidad, que en el fondo escondía un nuevo y refinado estilo de explotación social, como le sucedió a Joseph Merrick.

Hacer una caricatura no es fácil. Mejor dicho, hacer una buena caricatura no es fácil.

Para empezar, me fastidia que el término caricatura se identifique con “dibujo satírico”, son dos cosas completamente diferentes. Para mí la caricatura es un retrato fisionómico. Lo que luego se haga con él, dignificar, ironizar o humillar al retratado, es algo añadido, posterior y ajeno.

Ahora bien, ¿por qué funciona?. ¿Cómo es posible que entre estos dos retratos de Jack Nicholson (una fotografía y una caricatura) nos sea más fácil reconocerlo en la caricatura?

A la izquierda, fotografía del prestigioso Martin Schoeller.A la derecha, reinterpretación del fabuloso Jota Leal.

No se trata simplemente de “caricare”, cargar, exagerar rasgos porque sí. La imagen distorsionada de un espejo de feria no es una caricatura, porque su alteración es aleatoria.

La caricatura nos permite reconocer al retratado, literalmente re-conocer. Una caricatura sólo nos inspirará algún tipo de emoción si sabemos de quién es. Y ahí está el truco. Parece ser que el mecanismo que nos permite disfrutar de estos retratos es el mismo que nos permite reconocer a alguien por la calle. Cada día nos cruzamos con decenas de personas que nos son desconocidas; en el momento en que conocemos a alguien que sabemos que volveremos a ver, nuestro cerebro toma una “fotografía esquemática” de esa persona. Así cuando volvamos a verla, podremos dirigirnos a ella. Ése esquema cerebral no es sino una caricatura.

Pensad un momento en alguien que hace tiempo que no veis y tratad de recordar su rostro. Lo más probable es que no lo recordéis exactamente como es en la realidad, sino que recordéis su peinado, el modo en que entornaba los ojos al reír, su forma de estornudar o la montura de sus gafas. El cerebro tiene un rostro básico en la memoria, al que va añadiendo singularidades que luego se convierten en “papá”, “Elena”, “la esposa del jefe”… Por eso nos choca tanto cuando alguien cambia radicalmente de imagen, ¡porque nos rompe el esquema!

A la hora de dibujar una caricatura, también es conveniente tener algo de trato personal con el retratado. Las caricaturas de desconocidos o las basadas en fotografías suelen estar “incompletas”, falta el toque anímico que nuestro cerebro incluye en su particular esquema. Es decir: -”sí, Juanito tiene esos dientes cuando sonríe, pero su sonrisa no es así…”

En mi caso, me fío de mis recuerdos y trato de dibujar de memoria. Una fotografía ayuda para los detalles anatómicos (si queremos ser “realistas”), pero no es determinante.

Página oficial de Jota Leal

Mr. Punch es un personaje tradicional del teatro de marionetas en Inglaterra.

En el mundo anglosajón ha adquirido gran trascendencia, no sólo por el arte teatral o la artesanía de los títeres, sino por su carácter anárquico y amoral.

El origen de Mr. Punch:

No hay ninguna duda que el personaje deriva directamente del Polichinela de la Commedia Dell’Arte; con él comparte rasgos físicos como la narizota, la joroba,  el desagradable timbre de voz y también el carácter envidioso, satírico y agresivo.

La clásica joroba de Punch, en perpetua erección, quizás una referencia a su lascivia...

Un inciso: el teatro bufo estaba dirigido a las clases humildes sin distinción de edad, por eso en las obras se mezclaban escenas subidas de tono con otras de humor visual y hasta sátira política. Este mismo esquema se trasladó a las obras de títeres, que erróneamente se han pensado destinadas al público infantil simplemente por estar representadas por muñecos. El auge de los teatrillos de marionetas itinerantes se debía básicamente a la economía, pues a menudo era una sola persona la que se desplazaba llevando consigo el teatro, los escenarios y los actores, todo en un solo carro, algo imposible para una compañía de teatro convencional.

Así llego Polichinela a Inglaterra, y tal vez por la pronunciación deformada de la palabra (Punchinello), como por la violencia del personaje, su nombre devino en Punch (“pegar”, “puñetazo”)

La obra:

El esquema de la “Trágica Comedia o Cómica Tragedia de Mr. Punch” es muy simple y no ha variado apenas en sus cuatrocientos años de historia. La obra desarrolla una serie de escenas en las que Mr. Punch se enfrenta verbalmente primero y a palos después con un personaje, al que acaba matando, tras lo cual exclama triunfante “That’s the way to do it!” (“¡Así es como se hace!”). Todo comienza cuando Judy, la esposa de Punch, le pide que cuide al bebé de ambos que no para de llorar. Punch acaba tirándolo por la ventana. Su esposa horrorizada le recrimina el crimen y ella acaba del mismo modo. Luego viene su amante, el policía, el doctor, la propia Muerte o fantasma y el Diablo, y a todos ellos Mr. Punch les da una mortal paliza y acaba bailando y diciendo su frase.

Y ya está: no hay moraleja, ni justicia, sólo el triunfo de lo irracional y lo dionisíaco ante todos los estamentos sociales y morales, de este mundo y del más allá.

Hay una palabra deliciosa que define a la perfección la obra de Mr. Punch: astracanada.

La repercusión:

Cuesta creer que algo tan absurdamente violento haya trascendido tanto. Puede que el público inglés del siglo XVII, conocedor de los dramas de Shakespeare en los que abundan también los asesinatos y la fatalidad, encontrara en Punch la analogía cómica, de hecho  hay estudios que encuentran en el libreto original referencias a obras como Otelo y Macbeth.

En 1841 se fundó la revista satírica Punch, que tomó a este personaje como mascota y ayudó a mantener tanto el espíritu del personaje como el recuerdo de la obra en sí.

En los últimos años, la obra ha sido reivindicada por su valor histórico, pues su incorrecto argumento la hace poco recomendable para el público infantil. Pese a todo, aún se sigue representando como antaño: al aire libre y en el marco de fiestas populares o ferias.

En 1994 se publicó el cómic de Neil Gaiman ilustrado por Dave McKean que narra la iniciación de un niño en el mundo de los adultos con Mr. Punch como leitmotiv inquietante y sombrío. Esta obra alcanzó gran éxito hasta el punto de haber sido recientemente trasladada al teatro, en un curioso giro que devuelve a Punch/Punchinello de vuelta a los grandes escenarios, más de cuatro siglos después.

Un último detalle: el titiritero que representa la obra de Mr. Punch no es un marionetista cualquiera, es un “Profesor” especializado y respetado, que domina no sólo la técnica sino el secreto de la voz del personaje.

Esta animación sirvió de introducción al festival de Pictoplasma en 2007.

No me canso de verla, es sencilla y treméndamente mágica:

Los responsables de esta preciosidad son los argentinos PepperMelon.

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